lunes, 4 de mayo de 2009

Elefantes en el camino

Cuando hablamos de África a los niños y jóvenes en las escuelas y colegios enseguida viene la pregunta, ¿has visto muchos animales salvajes?, ¿te has encontrado alguna vez con alguna fiera?, ¿no tenías miedo? Viviendo en la sabana africana durante seis años en el Norte del Camerún, me encontré un poco de todo, pero siempre lo más peligroso fueron las serpientes y cobras, que ví muchas, pero gracias a Dios nunca fuí atacado por ninguna de ellas, aunque en más de una ocasión estuve en peligro. De los grandes animales de la sabana, aquí tenéis un ejemplo, de uno de nuestros viajes misioneros, en los que iba acompañado por dos misioneras canadienses de la misión de Gobó y un nativo camerunés. Nos encontramos en el camino con una manada de elefantes, y como venían por la derecha, les cedimos el paso. Buen viaje, y foto para el recuerdo.

domingo, 26 de abril de 2009

Animadores de sector


La misión de Gobó estaba dividida en dos sectores, Gobó y Dom Pya, y cada sector comprendía una docena de aldeas. Había un responsable de sector que visitaba las aldeas, animaba a las comunidades, supervisaba el trabajo de los catequistas de cada aldea, y presidía la celebración dominical del culto cuando no estaba presente el misionero. Estos eran Antoine Ngosuna animador del sector de Dom Pya y Gabriel, animador del sector de Gobó, que vemos en la fotografía en la celebración de la Pascua de 1976. Ellos fueron de los primeros catequistas de la misión, los que acompañaron más de cerca a los misioneros, y los que participaron en más cursos de formación para catequistas, tanto a nivel local como diocesano. Además de ser catequistas en su propia aldea, visitaban y animaban otras comunidades, formaban a nuevos catequistas, dirigían la oración, y hacían de traductor entre el misionero novato que yo era y que no conocía la lengua y la gente Musey que no hablaba francés. Eran padres de familia, tenían a su mujer y sus hijos, campesinos humildes, que realizaban esa labor pastoral gratuitamente y con gran dedicación por anunciar el Evangelio de Jesucristo y de servir a la Iglesia.

lunes, 13 de abril de 2009

Domingo de Pascua

En 1976 el domingo de Pascua de Resurrección cayó en el día 18 de Abril, un día radiante de sol cuando en el norte del Camerún la temperatura sube de los 45º a la sombra. A primera hora de la mañana se habían congregado los cristianos de las aldeas vecinas en el lugar sagrado, que no iglesia, ni templo que no teníamos, bajo el pequeño sombrajo de paja que servía para resguardarse un poco del sol. Allí concelebré con el P. Philippe Alin, entonces joven Vicario General de la diócesis, y hoy Secretario General de la Conferencia Episcopal del Chad, y al que vemos en la fotografía delante del altar, la Misa de Pascua de la Resurrección del Señor.
Era la primera Semana Santa que vivía en tierras africanas, y que culminaba con el día glorioso de la Resurrección del Señor. ¡Que día más bello! La Misa cantada con una música trepidante de tambores museys, con palmas y ritmo africano. Y eso que ese año no hubo bautismos, pues otros años posteriores en que se bautizaron los catecúmenos en la vigilia pascual, la fiesta fue todavía mayor. Cada año que celebro la fiesta de Pascua recuerdo las celebraciones pascuales en la misión de Gobó.

viernes, 3 de abril de 2009

Semana Santa en Camerún

Siguiendo con mis memorias de África, y como he dicho en anteriores blogs, a principios de marzo de 1976 me trasladé a la misión de Gobó, de la que había sido nombrado párroco. Era el tiempo de cuaresma, tiempo fuerte del año litúrgico en el que los catecúmenos hacían la preparación para recibir las aguas del bautismo. Se intensificaba las catequesis, las charlas y reuniones, los exámenes de los candidatos al bautismo, y todos los preparativos para la Semana Santa. Iba a vivir mi primera Semana Santa en tierras africanas. ¡Que diferente a las vividas en mi niñez en Montánchez, en tierras de Extremadura! O las que estamos acostumbrados a ver en cualquier región de España. Allí no había procesiones, ni pasos, ni imágenes de Nazarenos, ni de vírgenes dolorosas, ni música de cornetas y tambores, ni capuchas, ni velas, ni olores a incienso... Ese Viernes Santo, de la Pasión de Cristo y muerte en cruz, me encontré al ir a la iglesia con Marie, joven madre, ciega y minusválida, que tenía amputada una pierna, dando de mamar a su hijo. Ella, como los demás cristianos de las aldeas vecinas, venía andando descalza y con sus muletas para participar en los santos oficios. Y yo veía ante mis ojos la Pasión viva de Cristo que sigue sufriendo en cada persona que carga en esta vida con su propia cruz.

domingo, 22 de marzo de 2009

Jóvenes madres


Una de las cosas que más me llamaron la atención tanto en África, como luego en Brasil, es la edad tan temprana en que las jóvenes se convierten en madres. Muchas de ellas pasan directamente de la infancia, o pubertad, a la maternidad, de jugar con muñecos de trapo a cuidar de sus propios hijos. Entre los museys del Norte del Camerún, como en muchos países africanos, existe la dote. Un hombre, sea joven o adulto, soltero o casado, si quiere casarse con una chica tiene que ofrecer una dote a los padres de la chica, que normalmente consiste en una decena de vacas, y otros regalos. Si los padres de la chica aceptan, y después de varios encuentros y de recibir una parte importante de la dote, los padres entregaran su hija al pretendiente, pactando así el casamiento. Si la chica queda embarazada y tiene su primer hijo, el marido tendrá que seguir pagando la dote hasta completar todo lo pactado. Sin embargo si no tiene hijos, el marido dejará de pagar el resto de la dote, o incluso pedirá a los padres de la chica la devolución de lo ya entregado, al mismo tiempo que devuelve la hija a sus padres, rompiendo así el matrimonio.

lunes, 9 de marzo de 2009

Piercings museys

Hace unos años que se ha puesto de moda en nuestro mundo occidental los "piercings", o pirsins la práctica de perforarse la nariz, los labios, las orejas, la lengua, el ombligo o cualquier otra parte del cuerpo para colgarse un zarcillo, un pendiente, un adorno o cualquier otra cosa. No sé si nuestros jóvenes han pensado en las consecuencias que puede eso tener cuando pasen los años; yo cuando los veo me acuerdo de las mujeres museys. Cuando son niñas se hacen unas pequeñas perforaciones en las orejas, la nariz y los labios y se colocan unos adornos finos y pequeños, pero según van creciendo en edad van aumentando el grosor del adorno, simplemente porque la perforación hecha se hace más grande y el adorno se les cae. Así va aumentando con los años tanto la perforación como el adorno. Y cuando son ancianas el adorno es de un tamaño considerable, han perdido los dientes, y hasta se les cae la baba por el agujero.

lunes, 2 de marzo de 2009

Aniversario de ordenación sacerdotal


El día 2 de marzo de 1975 fuí ordenado sacerdote por Monseñor Larrauri, obispo encargado de las Obras Misionales Pontificias en España, en Madrid. Seis meses después de mi ordenación ya estaba en el norte del Camerún como misionero. Primero en la ciudad de Yagoua, parroquia de St. Paul, donde comencé mi experiencia misionera entre los Massás, y desde primeros de marzo de 1976 en la misión de Gobó entre los Museys. Al celebrar la Eucaristía de acción de gracias de ese primer aniversario de mi ordenación sacerdotal, pasaba por mi mente las imágenes de tantas personas queridas, familiares, amigos, compañeros de la congregación, y de otras muchas personas que conocí en mi primer año de labor pastoral, tanto en la animación misionera en Cataluña, Aragón y Baleares, como en el trabajo misionero en el norte del Camerún.
¡Que pronto pasa un año, y cuántas experiencias nuevas se pueden vivir! Ahora estaba allí perdido en una pequeña aldea del África profunda, donde no había electricidad, ni agua corriente, ni teléfono, ni siquiera una panadería. Todavía no hablaba bien francés, cuando tuve que comenzar a aprender la lengua massá y después el musey. A los 25 años era el nuevo párroco de la misión de Gobó que se me había confiado, y a la que puse bajo la protección del Espíritu Santo. Desde entonces dicha parroquia es la del Espíritu Santo. Hoy 34 años después de mi ordenación sacerdotal sigo dando gracias a Dios por la vocación misionera que me dió, y pido al Espíritu Santo que me siga iluminando y dando fuerzas para ser su testigo y misionero de la Buena Nueva en cualquier lugar del mundo.

domingo, 15 de febrero de 2009

48º a la sombra

En los meses de marzo y abril, cuando el calor es más intenso en el norte de Camerún, después de varios meses sin llover y todo está seco, es la época para ir a segar las yerbas altas, que en la estación de lluvias crecieron en las hondonadas, para hacer los techos de paja de las chozas, o reparar las que con el paso del tiempo se han estropeado y dejan pasar el agua de la lluvia al interior de la casa. Algunos de los techos de la misión estaban en malas condiciones y había que arreglarlos antes de que llegara la estación de lluvias. Así que un día salí por la mañana temprano con dos hombres en la camioneta y nos dirigimos a la zona adecuada donde había esas yerbas. Allí estuvimos bastante tiempo segando las yerbas, haciendo los haces y cargándolos en las camioneta. El sol calentaba más y más, no había ninguna sombra para cobijarnos y lo peor era que yo no me había llevado agua para beber. Todavía era un novato en la zona. Pero pronto aprendí la lección. No había casas, ni aldeas en los alrededores para pedir un poco de agua. Al final encontré una charca donde iba a beber el ganado. Tal era la sed que tenía que no hice asco del agua fangosa que bebí. Como recuerdo hice la fotografía. Parecerá bonita con nenúfares y todo. A mí me recuerda lo del refrán español. "No digas nunca: de ese agua no beberé".


domingo, 8 de febrero de 2009

El "saré"

La palabra "saré" no existe en español, ni tampoco en francés, aunque se utiliza normalmente en el norte del Camerún, creo que tomada del fufuldé, la lengua de los Peuls o Foulbés, que dominan el norte del Camerún, y que están extendidos por varios países centroafricanos.
El saré es el conjunto de casas, chozas, graneros, cocinas, lugar para el aseo, sitio de reposo a la sombra y al aire libre, y corral para el ganado, donde viven una o varias familias, delimitado todo por una valla de troncos, ramajes y especie de esteras trenzadas de paja seca, con una o más entrada desde el exterior al conjunto del saré.
En el centro del saré está el ganado, rodeado de las chozas donde viven los diferentes miembros de la familia. El jefe de familia tiene su casa, y cerca de ella están las chozas de su mujer, (o sus mujeres, si es polígamo), además de sus respectivas cocinas y graneros. Los niños pequeños duermen en la choza de su madre, acompañados de los patos, gallinas, cabras y ovejas. Los jóvenes tienen su propia choza, a veces duermen con los terneros e incluso vacas para evitar que sean robadas durante la noche. Cuando un joven se casa trae a su mujer al saré de su familia; mientras que no tienen hijos viven en la misma choza, una vez que la mujer ha dado a luz, le construye su casa para ella. Entre los Massás el saré familiar va creciendo según se van casando los hijos. Pero los Museys normalmente se independizan de los padres, y una vez que forman su familia, construyen su propio saré.

domingo, 1 de febrero de 2009

El ganado


Los Museys son agricultores y ganaderos. La mayoría de ellos viven de la tierra que cultivan con la pequeña azada, campos de mijo y sorgo, que es el alimento base para ellos, cacahuetes, y otros cultivos. También dedican muchos de sus campos al cultivo del algodón, obligados por la administración o por la seducción del dinero. Pero la riqueza para los Museys, como para los Massás son los rebaños de vacas. Tienen también ovejas, cabras y caballos. Son célebres los caballos Museys, una raza especial de caballos que ellos utilizan para la caza mayor y en otros tiempos para la guerra. Para los Museys las vacas es sinónimo de riqueza. Tanto más reses tiene un Musey, más alto es su nivel de vida, y más admirado y apreciado por sus paisanos. Un Musey cuando se quiere casar tiene que entregar una dote a los padres de la novia, y esa dote consiste normalmente en diez vacas. Sólo el que tiene vacas puede tomar mujer. Como existe la poligamia, un hombre rico que tenga muchas vacas puede tomar varias mujeres. El ganado como vemos es señal de riqueza, de prestigio, de tener mujeres y muchos hijos.