lunes, 17 de noviembre de 2008

Las hermanas borrachas

Cuando llegué a la misión de Gobó estaban allí las soeurs grises de Montréal, que habían llegado unos meses antes, y que permanecieron en aquella misión nueve años, hasta 1984. Lo primero que me llamó la atención fue el nombre, que no se refería al hábito gris, sino que quería decir ebrias, beodas, borrachas. Este nombre popular le viene desde su fundación en Montréal, Canadá en 1737, por Margarita d'Youville. Margarita había estado casada con un señor que se dedicaba a la venta de alcohol a los indios, y quedó viuda a los 28 años con seis hijos, cuatro de los cuales murieron de temprana edad. Fundó la congregación de las hermanas de la Caridad de Montréal para atender a los enfermos. Margarita d'Youville fue beatificada por el Papa Juan XXIII, y canonizada en 1990 por Juan Pablo II.
En Gobó había una comunidad de tres hermanas: Christiane, Simone y Lorraine; las dos primeras eran enfermeras y todo su trabajo estaba en el dispensario, juntamente con Liliane Pellegrin, una enfermera laica francesa que llegó a Gobó en 1972, antes de que se construyera el dispensario, pues este no abrió sus puertas hasta 1974. Lorraine se dedicaba a la alfabetización y colaboraba con la pastoral parroquial. En el dispensario había mucho trabajo, no se paraba de día ni de noche, pues cuando menos se esperaba llegaba un enfermo, una persona herida por algún tipo de accidente, un mordido por una serpiente, o una madre que iba para dar a luz. Soeur Simone era el ángel del dispensario que acogía a todos con su sonrisa y bondadosa caridad.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Dom Pya


La misión de Gobó, que abarcaba una treintena de aldeas, estaba dividida en dos sectores: Gobó y Dom. A nivel de cada sector había un responsable laico que coordinaba el trabajo pastoral, y era el mayor colaborador del misionero. En cada sector de la misión habían unas 12 o 14 aldeas en las que existía una pequeña comunidad cristiana, o estaba en sus comienzos y sólo tenían catecúmenos. Al cargo de cada comunidad había uno o varios catequistas. Al sector de Dom pertenecían las aldeas de Dom Pya, Dom Chandum, Dom Chantoko, Dom Suluku, Polgue, Gumma, Galam Fulla, Galam Mbasa, Mongui Pala, Mudumara, Kayna, y otras que no recuerdo.
El domingo se celebraba la Eucaristía en uno de los dos sectores; un domingo en Gobó y el siguiente en Dom Pya. Cuando se celebraba en Gobó, todos los cristianos de las aldeas de ese sector acudían a la Eucaristía a Gobó, lo que les suponía andar varios kilómetros según la distancia de cada aldea. Los cristianos y catecúmenos de las aldeas del otro sector se reunían en su propia aldea con sus catequistas y hacían una celebración litúrgica de la Palabra. En Dom Pya se había construido una capilla de paredes de adobe y techo de hojalata, que vemos en la foto, pero cuando llovía, sobre todo cuando la lluvia era fuerte, era tal el ruido que no se podía oir nada de la celebración de la Palabra. El altar era de barro, y para el sagrario habían hecho una especie de granero al estilo de sus graneros para el sorgo y el mijo, pero en pequeño.

lunes, 27 de octubre de 2008

Los Musey


Antes de seguir escribiendo sobre mi nueva misión de Gobó, tengo que hablar del pueblo que fui a evangelizar, el pueblo Musey. Los Musey habitan en el Chad, (hoy día cerca de 200.000), y un número mucho más reducido, (unos 20.000) en el Camerún. Cuando yo llegué a Gobó en 1976, calculaba que eran unos 10.000, en la zona camerunesa, y era la única misión del Camerún donde se hablaba la lengua Musey. Yo intentaré escribir siempre Musey, aunque también a esta etnia y lengua se la conoce por los siguientes nombres: Musei, Mussei, Mussey, Moussey, Moussei, Mussoi, Mussoy, Mosi, Museyna, Mousseyna, Bananna, y Bananna Ho Ho. Dentro de la lengua Musey hay diferentes dialectos. El que se hablaba en Camerún era el Pe. Aunque nosotros utilizábamos el de Gounou Gaya en los textos de los catecismos, y de los evangelios, que eran los únicos textos que estaban traducidos a la lengua Musey. De esos 10.000 habitantes que yo calculaba que habitaban en el distrito de Gueré, en la parte del Camerún, sólo había unos 200 cristianos bautizados y 800 catecúmenos, en unas 35 aldeas, varias de ellas sin ningún cristiano. La misión estaba dividida en dos zonas: Gobó y Dom, y tenía la inestimable colaboración de unos 40 catequistas. La gran mayoría eran animistas, seguían la religión tradicional de sus antepasados; había también algunos cristianos de iglesias protestantes y musulmanes. Pero los Musey, a diferencia de los Massá, estaban mucho más abierto al cristianismo, y también a la escuela, y a todo lo que veían que era un progreso para ellos. Ese espíritu abierto al exterior es lo que les ha hecho progresar por encima de sus vecinos en estos últimos lustros.

lunes, 20 de octubre de 2008

El dispensario


En el terreno de la misión, a varias decenas de metros detrás de la iglesia, se encontraba el dispensario, dirigido por dos misioneras canadienses, las soeurs grises de Montreal, y una enfermera francesa, Liliane Pellegrin, que fue la que comenzó el trabajo sanitario entre los Museys, antes de que llegaran las religiosas. El edificio, aunque nuevo, no era de grandes dimensiones; tenía una primera sala de atendimiento a los enfermos, otra más reservada, maternidad, farmacia, servicios y almacén. La gente llegaba desde la primera hora de la mañana al salir el sol, hasta el mediodía, y tenían que esperar su turno en el porche y alrededores. No era un hospital, pero hacía las veces de hospital, pues el más cercano estaba en Yagoua a 50 kilómetros de distancia, y sin transporte para poder acudir a él. Al dispensario de la misión de Gobó acudían los enfermos, no sólo de toda aquella región, sino también los de Ardaf, donde había un pequeño hospital público, pero que nunca tenía medicamentos, ni era buena la atención médica. Cuántas veces ví a militares y policías de Ardaf que venían al dispensario de la misión de Gobó para ser atendidos ellos, o para que sus mujeres dieran a luz, pues se fiaban poco del hospital del gobierno. También venían muchas personas del vecino Chad, pues allí la situación era todavía peor. Si la misión comenzó en Gobó con la instalación de un molino de harina, la verdadera revolución de Gobó y sus alrededores fue el dispensario que les cambió su vida a miles de familias Museys.

lunes, 13 de octubre de 2008

La iglesia

Esta era la iglesia de la misión de Gobó, que había construido el P. Jean Savoie, espiritano francés, que fundó esta misión entre los Museys, en el norte del Camerún. Aunque en la diócesis de Yagoua la mayor parte de los misioneros eran oblatos de María Inmaculada, también había algunos espiritanos; estos comenzaron a trabajar en la misión de Djougounta, y desde allí extendieron su apostolado hacia Gobó, región de los Museys. Al ver la buena acogida que tuvieron entre ellos, el P. Savoie decidió instalarse en Gobó. Comenzó poniéndoles un molino para el mijo, luego construyendo el dispensario, y finalmente la iglesia que vemos en la foto y las casitas para él y para las hermanas que se ocuparían del dispensario. Creo que fue en 1974, sólo unos dos años antes de mi llegada, que se había construido tanto el dispensario como la iglesia. Bueno, más que iglesia era un "área sagrada", se puede decir que sólo el presbiterio estaba bajo techo; el lugar de los fieles, separado por un pequeño muro del exterior estaba al aire libre, donde se habían plantado algunos árboles con la intención que al cabo de los años dieran una buena sombra a todos los feligreses; pero entonces como eran muy pequeños, tuvieron que hacer un sombrajo de paja para evitar el tórrido sol africano durante las celebraciones litúrgicas; para asiento unos simples bloques de cemento que se habían hecho para la construción del dispensario y de la iglesia. El altar de cemento, en forma de omega, el alfa estaba en la puerta de entrada del recinto sagrado. Como imágenes y retablo, una simple barra de hierro, dibujando sobre la pared blanca, las figuras de Jesucristo en la cruz y de la Virgen María. El sagrario al fondo, sobre el tabique de división entre la iglesia y la capilla del santísimo, donde se celebraba la Eucaristía los días de diario. Así era la iglesia de mi nueva misión. Sé que al cumplirse los 25 años de la fundación de la misión se ha construido una nueva iglesia en Gobó, pero no tengo fotos para poder mostrar, espero que algún día la pueda visitar.

lunes, 6 de octubre de 2008

Mi nueva misión



A mediados de marzo de 1976 me trasladé a mi nueva misión, a 50 kilómetros de Yagoua, la misión de Gobó, de la que fui nombrado párroco. Me acompañó hasta allí el P. Philippe Alin, que era el Vicario de la Diócesis, y el que se había ocupado de esa misión durante unos meses, después que el P. Jean Savoie, espiritano francés, que había estado allí unos años, fuese nombrado rector del Seminario francés en Roma. A los seis meses de mi llegada a África, después de haber comenzado a aprender la lengua massá, al ser enviado a Gobó y habitar en aquella región los Museys tenía que comenzar de nuevo a aprender una nueva lengua, aunque en realidad tenía bastantes cosas en común con el Massá.
La realidad era diferente a Yagoua, estaba en una misión de "brousse", es decir en un pequeño pueblo, en medio rural muy pobre y apartado, cerca de la frontera con el Chad, sin luz eléctrica, ni agua corriente, ni panadería, ni tiendas para comprar lo más básico, sin servicio de correos... estaba metido en el África profunda, y sólo como misionero, aunque también vivían en la misión tres hermanas canadienses que hacía unos meses habían llegado para ocuparse del dispensario y de la animación femenina, y Liliane Pellegrin, una enfermera francesa que llevaba allí unos años trabajando en el dispensario que el P. Savoie había construido. En la foto podemos ver mi casa-habitación, casa-huésped y almacén.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Mercadillo



Cada domingo por la mañana, a la salida de la Misa, se organizaba junto a la iglesia un pequeño mercado, en el que se compraba y vendía los alimentos básicos: pescado fresco del Logone, o secado al sol, mandioca, mijo, zanahorias, hortalizas, tabaco, cerveza de mijo, e incluso hazes de leña para poder cocinar; un mercadillo propio de mujeres que habían asistido a la Misa con su productos, que después vendían fuera, para conseguir algo de dinero y luego comprar lo necesario para que sus hijos pudieran in a la escuela. En realidad casi ni se podía llamar mercadillo, pues duraba poco tiempo y había pocos productos a la venta; pues el mercado se hacía todos los días en la plaza pública de Yagoua, y sobre todo el gran mercado era el jueves, que duraba todo el día y en la que se podía comprar todo tipo de productos, no sólo alimenticios, sino manufacturados, ropas, muebles,materiales para la construcción, animales, etc...
Ese primer domingo de marzo de 1976 sería el último que celebré la Misa en la parroquia de Saint Paul en Yagoua, pues unos días después me iría a la misión de Gobó de la que fuí nombrado párroco, justamente a los seis meses de mi llegada al Camerún.

martes, 26 de agosto de 2008

Misa en Massá

Todos los domingos y días festivos se celebraban dos Eucaristías en la parroquia de Saint Paul, una en francés para los sudistas, es decir para los cristianos provenientes de otras regiones del Camerún, principalmente funcionarios de la Administración, o empleados de algunas empresas instaladas en Yagoua, como la Sodecoton, a la que incluso también asistían algunos franceses, aunque muy pocos, los llamados cooperantes, directivos de dichas empresas. La otra Eucaristía mucho más participada y popular se celebraba en lengua massá, para los Massás, aunque también asistían los Mouseys, Guiseys, y Winas. Impresionaban los cantos de todos los asistentes marcados por el ritmo del tam-tam y las danzas y balanceos de hombres y mujeres. ¡Qué bellas y alegres eucaristías! La proclamación de la Palabra de Dios era una auténtica proclamación, pues no se hacía una lectura de la palabra, sino que era proclamada por alguna persona que antes había memorizado el texto del evangelio en lengua massá. En una cultura de tradición oral, donde las historias y acontecimientos pasan de padres a hijos y nietos, donde no existen libros, sino que todo se transmite oralmente, que bello era transmitir el evangelio de viva voz. Además los primeros cristianos también vivieron esa experiencia, pues antes de ser escrito los evangelios, fueron transmitidos oralmente por los apóstoles.

martes, 19 de agosto de 2008

Misionero, albañil y carpintero



Como he comentado en otros blogs anteriores, la nueva parroquia de Saint Paul de Yagoua, que estaba dentro del terreno del obispado, tenía ya construida la iglesia, que vemos al fondo de la foto, y las casas de las hermanas misioneras Hijas del Espíritu Santo, pero no existía la casa parroquial, por lo que tanto el P. Ignace, el párroco, como yo, su vicario, vivíamos en el obispado. Es sabido que muchas veces los misioneros además de dedicarse a la evangelización, el anuncio del Evangelio, celebración de los sacramentos, catequesis, formación cristiana, etc. tienen que dedicarse a otras tareas materiales, como construcciones de iglesias, capillas, casas parroquiales, dispensarios, hospitales, escuelas, colegios, pozos y otras infraestructuras necesarias, y hay que hacer de ingeniero, perito, director de obras, e incluso de albañil; otras veces de mecánico, carpintero, herrero, y otros muchos oficios necesarios para poder montar la misión.


Para mí fue una gran ayuda el año de mi noviciado en Aranda de Duero, pues la casa estaba a medio construir y los mismos novicios dedicábamos todos los días unas horas al trabajo manual tanto en la albañilería como en la carpintería, eso me sirvió luego para tener una cierta idea de la construcción y ayudar a construir la casa parroquial de la parroquia de Saint Paul, como luego las casas, y pozo de la misión de Gobó, a la que sería destinado como párroco, un mes después. Y años más tarde en la misión de Jutaí en Amazonas, Brasil.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La santa Unción

En los primeros meses de mi vida misionera acompañaba al P. Ignace, que era el párroco de Saint Paul, sobre todo en las visitas a las aldeas que todavía no conocía. Al llegar a la aldea que visitábamos la gente se reunía a nuestro alrededor, buscábamos la sombra de alguna acacia, u otro lugar adecuado, pues en casi ninguna de las aldeas existía una simple capilla, preguntábamos por la marcha de la comunidad, la formación de los catecúmenos, la asistencia a la catequesis y celebración dominical, la ayuda a los pobres y enfermos, los trabajos comunitarios, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo de los catequistas y demás responsables de la comunidad, y después de nuestras orientaciones y palabras de ánimo para todos, celebrábamos la Eucaristía. También visitábamos a los enfermos para darles unas palabras de ánimo, algún calmante contra el dolor, comprimidos contra la malaria, y a veces teníamos que llevarlos en nuestro propio vehículo al hospital de la ciudad, a Yagoua.
Esa tarde de febrero nos acercamos a casa de Gabriel, un anciano enfermo en su lecho de dolor, una simple esterilla en el suelo, rodeado del cariño de sus familiares y vecinos, y allí en una hermosa celebración litúrgica, recibía el sacramento de la santa Unción, y el viático que lo preparaba para su último viaje hacia la eternidad.