lunes, 13 de octubre de 2008

La iglesia

Esta era la iglesia de la misión de Gobó, que había construido el P. Jean Savoie, espiritano francés, que fundó esta misión entre los Museys, en el norte del Camerún. Aunque en la diócesis de Yagoua la mayor parte de los misioneros eran oblatos de María Inmaculada, también había algunos espiritanos; estos comenzaron a trabajar en la misión de Djougounta, y desde allí extendieron su apostolado hacia Gobó, región de los Museys. Al ver la buena acogida que tuvieron entre ellos, el P. Savoie decidió instalarse en Gobó. Comenzó poniéndoles un molino para el mijo, luego construyendo el dispensario, y finalmente la iglesia que vemos en la foto y las casitas para él y para las hermanas que se ocuparían del dispensario. Creo que fue en 1974, sólo unos dos años antes de mi llegada, que se había construido tanto el dispensario como la iglesia. Bueno, más que iglesia era un "área sagrada", se puede decir que sólo el presbiterio estaba bajo techo; el lugar de los fieles, separado por un pequeño muro del exterior estaba al aire libre, donde se habían plantado algunos árboles con la intención que al cabo de los años dieran una buena sombra a todos los feligreses; pero entonces como eran muy pequeños, tuvieron que hacer un sombrajo de paja para evitar el tórrido sol africano durante las celebraciones litúrgicas; para asiento unos simples bloques de cemento que se habían hecho para la construción del dispensario y de la iglesia. El altar de cemento, en forma de omega, el alfa estaba en la puerta de entrada del recinto sagrado. Como imágenes y retablo, una simple barra de hierro, dibujando sobre la pared blanca, las figuras de Jesucristo en la cruz y de la Virgen María. El sagrario al fondo, sobre el tabique de división entre la iglesia y la capilla del santísimo, donde se celebraba la Eucaristía los días de diario. Así era la iglesia de mi nueva misión. Sé que al cumplirse los 25 años de la fundación de la misión se ha construido una nueva iglesia en Gobó, pero no tengo fotos para poder mostrar, espero que algún día la pueda visitar.

lunes, 6 de octubre de 2008

Mi nueva misión



A mediados de marzo de 1976 me trasladé a mi nueva misión, a 50 kilómetros de Yagoua, la misión de Gobó, de la que fui nombrado párroco. Me acompañó hasta allí el P. Philippe Alin, que era el Vicario de la Diócesis, y el que se había ocupado de esa misión durante unos meses, después que el P. Jean Savoie, espiritano francés, que había estado allí unos años, fuese nombrado rector del Seminario francés en Roma. A los seis meses de mi llegada a África, después de haber comenzado a aprender la lengua massá, al ser enviado a Gobó y habitar en aquella región los Museys tenía que comenzar de nuevo a aprender una nueva lengua, aunque en realidad tenía bastantes cosas en común con el Massá.
La realidad era diferente a Yagoua, estaba en una misión de "brousse", es decir en un pequeño pueblo, en medio rural muy pobre y apartado, cerca de la frontera con el Chad, sin luz eléctrica, ni agua corriente, ni panadería, ni tiendas para comprar lo más básico, sin servicio de correos... estaba metido en el África profunda, y sólo como misionero, aunque también vivían en la misión tres hermanas canadienses que hacía unos meses habían llegado para ocuparse del dispensario y de la animación femenina, y Liliane Pellegrin, una enfermera francesa que llevaba allí unos años trabajando en el dispensario que el P. Savoie había construido. En la foto podemos ver mi casa-habitación, casa-huésped y almacén.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Mercadillo



Cada domingo por la mañana, a la salida de la Misa, se organizaba junto a la iglesia un pequeño mercado, en el que se compraba y vendía los alimentos básicos: pescado fresco del Logone, o secado al sol, mandioca, mijo, zanahorias, hortalizas, tabaco, cerveza de mijo, e incluso hazes de leña para poder cocinar; un mercadillo propio de mujeres que habían asistido a la Misa con su productos, que después vendían fuera, para conseguir algo de dinero y luego comprar lo necesario para que sus hijos pudieran in a la escuela. En realidad casi ni se podía llamar mercadillo, pues duraba poco tiempo y había pocos productos a la venta; pues el mercado se hacía todos los días en la plaza pública de Yagoua, y sobre todo el gran mercado era el jueves, que duraba todo el día y en la que se podía comprar todo tipo de productos, no sólo alimenticios, sino manufacturados, ropas, muebles,materiales para la construcción, animales, etc...
Ese primer domingo de marzo de 1976 sería el último que celebré la Misa en la parroquia de Saint Paul en Yagoua, pues unos días después me iría a la misión de Gobó de la que fuí nombrado párroco, justamente a los seis meses de mi llegada al Camerún.

martes, 26 de agosto de 2008

Misa en Massá

Todos los domingos y días festivos se celebraban dos Eucaristías en la parroquia de Saint Paul, una en francés para los sudistas, es decir para los cristianos provenientes de otras regiones del Camerún, principalmente funcionarios de la Administración, o empleados de algunas empresas instaladas en Yagoua, como la Sodecoton, a la que incluso también asistían algunos franceses, aunque muy pocos, los llamados cooperantes, directivos de dichas empresas. La otra Eucaristía mucho más participada y popular se celebraba en lengua massá, para los Massás, aunque también asistían los Mouseys, Guiseys, y Winas. Impresionaban los cantos de todos los asistentes marcados por el ritmo del tam-tam y las danzas y balanceos de hombres y mujeres. ¡Qué bellas y alegres eucaristías! La proclamación de la Palabra de Dios era una auténtica proclamación, pues no se hacía una lectura de la palabra, sino que era proclamada por alguna persona que antes había memorizado el texto del evangelio en lengua massá. En una cultura de tradición oral, donde las historias y acontecimientos pasan de padres a hijos y nietos, donde no existen libros, sino que todo se transmite oralmente, que bello era transmitir el evangelio de viva voz. Además los primeros cristianos también vivieron esa experiencia, pues antes de ser escrito los evangelios, fueron transmitidos oralmente por los apóstoles.

martes, 19 de agosto de 2008

Misionero, albañil y carpintero



Como he comentado en otros blogs anteriores, la nueva parroquia de Saint Paul de Yagoua, que estaba dentro del terreno del obispado, tenía ya construida la iglesia, que vemos al fondo de la foto, y las casas de las hermanas misioneras Hijas del Espíritu Santo, pero no existía la casa parroquial, por lo que tanto el P. Ignace, el párroco, como yo, su vicario, vivíamos en el obispado. Es sabido que muchas veces los misioneros además de dedicarse a la evangelización, el anuncio del Evangelio, celebración de los sacramentos, catequesis, formación cristiana, etc. tienen que dedicarse a otras tareas materiales, como construcciones de iglesias, capillas, casas parroquiales, dispensarios, hospitales, escuelas, colegios, pozos y otras infraestructuras necesarias, y hay que hacer de ingeniero, perito, director de obras, e incluso de albañil; otras veces de mecánico, carpintero, herrero, y otros muchos oficios necesarios para poder montar la misión.


Para mí fue una gran ayuda el año de mi noviciado en Aranda de Duero, pues la casa estaba a medio construir y los mismos novicios dedicábamos todos los días unas horas al trabajo manual tanto en la albañilería como en la carpintería, eso me sirvió luego para tener una cierta idea de la construcción y ayudar a construir la casa parroquial de la parroquia de Saint Paul, como luego las casas, y pozo de la misión de Gobó, a la que sería destinado como párroco, un mes después. Y años más tarde en la misión de Jutaí en Amazonas, Brasil.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La santa Unción

En los primeros meses de mi vida misionera acompañaba al P. Ignace, que era el párroco de Saint Paul, sobre todo en las visitas a las aldeas que todavía no conocía. Al llegar a la aldea que visitábamos la gente se reunía a nuestro alrededor, buscábamos la sombra de alguna acacia, u otro lugar adecuado, pues en casi ninguna de las aldeas existía una simple capilla, preguntábamos por la marcha de la comunidad, la formación de los catecúmenos, la asistencia a la catequesis y celebración dominical, la ayuda a los pobres y enfermos, los trabajos comunitarios, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo de los catequistas y demás responsables de la comunidad, y después de nuestras orientaciones y palabras de ánimo para todos, celebrábamos la Eucaristía. También visitábamos a los enfermos para darles unas palabras de ánimo, algún calmante contra el dolor, comprimidos contra la malaria, y a veces teníamos que llevarlos en nuestro propio vehículo al hospital de la ciudad, a Yagoua.
Esa tarde de febrero nos acercamos a casa de Gabriel, un anciano enfermo en su lecho de dolor, una simple esterilla en el suelo, rodeado del cariño de sus familiares y vecinos, y allí en una hermosa celebración litúrgica, recibía el sacramento de la santa Unción, y el viático que lo preparaba para su último viaje hacia la eternidad.

miércoles, 30 de julio de 2008

Babá Simon Mpecke


Desde que llegué al Camerún, oí hablar varias veces de Babá Simón, el primer sacerdote camerunés originario del sur que fue al norte del país para evangelizar a los kirdis de las montañas de Mora. Kirdi es una palabra árabe utilizada por los musulmanes que quiere decir infiel, para referirse a todos los que no son musulmanes, pero que incluye a diferentes tribus del norte de Camerún. Yo no pude conocer a este gran hombre y santo misionero, pues falleció el día 13 de agosto de 1975, unas semanas antes de mi llegada al Camerún. Pero en enero de 1976 veía un reportaje hecho por la televisión francesa para su programa religioso dominical, del que saqué esta fotografía. Mpecke nació en 1906 en Edéa en el sur del país, hijo de padres agricultores no cristianos, asiste a la escuela de la misión católica y pide el bautismo. Será un padre espiritano el que lo bautiza el 14 de agosto de 1918, tomando como nombre Simón. Trabaja en la escuela de la misión y allí descubre su vocación para el sacerdocio. Será ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1935, siendo uno de los ocho primeros sacerdotes cameruneses que fueron ordenados aquel día, por el obispo espiritano monseñor Vogt.
Trabajó en el sur durante varios años, y fue párroco de New Bell en Duala. Pidió a su obispo que lo dejara ir como misionero entre los Kirdis del norte del país y en 1959 se convierte en el primer sacerdote camerunés que se desplaza a más de mil kilómetros para trabajar en el norte del Camerún, en el que aquel entonces sólo existía la diócesis de Garoua. Hoy son ya cuatro diócesis, regidas por obispos cameruneses, y con clero y religiosas nativos. Fue destinado a la misión de Tokomberé, donde trabajó los 16 últimos años de su vida como misionero. Un misionero querido por todos, tanto paganos, como musulmanes, y cristianos. Allí le dieron el nombre de Babá, que quiere decir papá, fue un auténtico padre para todos. Misionero de sotana blanca raída y de pies descalzos. Hombre humilde y sencillo. De una intensa vida de oración permanente. De un amor a Dios que lo reflejaba en un profundo amor a todas las gentes. Hombre que llevó la escuela a la gente de la montaña, que luchó contra la miseria y que tuvo siempre presente la promoción humana. Hombre de respeto a las tradiciones religiosas de las tribus de la montaña, que supo mantener vivo el diálogo interreligioso. Un santo misionero, ejemplo para los misioneros que eramos extranjeros, y ejemplo para los propios cameruneses. Hoy está en proceso de beatificación. Babá Simón, ruega a Dios por los kirdis del Camerún y por todos los misioneros que anuncian el Evangelio de Jesucristo.

lunes, 21 de julio de 2008

Una víbora en el camino




Cuando se habla de África muchas veces se piensa en los grandes animales salvajes, en los elefantes, jirafas, hipopótamos, rinocerontes, leones... y la gente lo primero que pregunta al volver a España es si me he encontrado alguna vez con algunos de esos animales salvajes; en verdad sí he visto varios de ellos, pero lo más común, y creo que los más peligrosos para los campesinos son la multitud de serpientes que hay en aquellas tierras cálidas, muchas de ellas mortales. Existen más de 2000 especies diferentes de serpientes; unas no son venenosas como las culebras o las boas, otras sí, como las víboras, crótalos, serpientes de cascabel, najas o diferentes tipos de cobras. Allí en Yagoua, como era una zona de estepa tropical, próxima a la región sub-sahariana, de clima muy caliente, había muchas víboras y cobras venenosas, algunas mortales como la bitis y la echis. Yo me encontré a lo largo de los seis años que estuve allí con varias de ellas en diferentes circunstancias y sitios, en los caminos, en el campo, dentro de casa, en la ducha, debajo de la cama, en el almacén, en el dispensario... pero gracias a Dios nunca fuí mordido por ninguna de ellas ni picado por ningún escorpión. Pero a menudo ví personas con grandes picaduras, sobre todo en las piernas, también en las manos, heridas que tardaban muchos días en cicatrizar, y como digo conocí a varios que murieron por causa del veneno de las serpientes. Más de una vez he pensado en las palabras de Jesús en el envío de los discípulos y de las señales que les acompañarán. "expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien" (Mc.16,17-18).

lunes, 14 de julio de 2008

Eucaristía en el corral

El P. Ignacio Vermesch, oblato de María Inmaculada, era el párroco de San Pablo, y aunque se dedicaba sobre todo a los fieles de lengua francesa; a los "sudistas" como le decían allí en Yagoua, y a las clases de religión en el liceo, sin embargo también visitaba los barrios massás de la ciudad y las aldeas de alrededor. Con él fui empezando a conocer la parroquia y sus diversas tareas pastorales. Esta escena que nos muestra la fotografía que tomé en un barrio de Yagoua, sería luego muy habitual para mí en diferentes aldeas africanas, incluso con menos medios, pues a veces ni siquiera tenían una simple mesa, y tuve que celebrar la Eucaristía sirviendome como altar la pequeña maleta en la que llevaba la patena, el cáliz y los ornamentos sagrados. Así en el corral del saré, entre las chozas de la familia que nos acogía, cerca de las vacas, con las cabras, perros y gallinas alrededor, pero con un grupo de cristianos y catecúmenos que nos rodeaban con mucha fe y deseosos de escuchar la palabra de Dios, y siempre con un fiel catequista que reunía a la comunidad, les enseñaba a rezar y les explicaba el catecismo, hacía las lecturas y traducía del francés a su propia lengua la homilía del sacerdote. ¡Qué grandísima labor la de los catequistas en África!
Años después, cuando ya estaba en España, vi que se publicaba esta foto del P. Ignacio entre los Massás, en los carteles de la campaña misionera de las OOMMPP; foto que fue tomada en aquellos días por unos reporteros de una agencia de prensa, y en la que aparece el P. Ignacio con su inseparable cachimba, y el mismo catequista que aparece en mi foto, visitando a un anciano massá en su saré.

martes, 8 de julio de 2008

Iglesia y capillas


A principios de enero de 1976 estaba de nuevo en la parroquia de Saint Paul de Yagoua. Pasados cuatro meses de mi llegada al Camerún, ya podía celebrar la Eucaristía en lengua Massá. La diócesis de Yagoua fue creada tres años antes, concretamente el 29 de enero de 1973. La ciudad de Yagoua podría tener unos treinta mil habitantes y existían dos parroquias, Santa Ana, la primera misión de Yagoua, que se convirtió en catedral; y San Pablo que se creó en esa época. La iglesia era de reciente construcción, y junto a ella estaban las casas de las misioneras Hijas del Espíritu Santo, y los edificios que constituían el obispado. A la parroquia de San Pablo le correspondía la mayor parte de la ciudad, a la que asistían los funcionarios que habían venido de otras regiones de Camerún; pero también varias aldeas cercanas a la ciudad.
En ninguna de las aldeas existían iglesias. Lo normal era hacer la catequesis, reuniones y celebraciones litúrgicas a la sombra de un gran árbol. En otras aldeas, los cristianos y catecúmenos habían construido un cobertizo para defenderse del tórrido sol africano, que utilzábamos como capilla, fabricado con los materiales propios de la sabana africana, es decir las altas yerbas trenzadas, que llamaban seko, y servía de pared, sostenido por troncos de árboles; y un techo de paja, que cuando llegaban las lluvias no servía de nada.
A la salida de Yagoua en la carretera hacia Bongor, los cristianos de esa aldea habían decidido construir una capilla mejor; las mujeres traían el agua con cubos, sacada del pozo, y los hombres mezclaban el barro con la paja seca, lo amasaban con los pies, lo pasaban por un molde de madera y lo dejaban secar al sol; así hacían miles de ladrillos de adobe, para tener su propia capilla.
Cuando la gente habla de las riquezas de las iglesias, me acuerdo yo de estas comunidades cristianas de las misiones, de su pobreza y sencillez, de sus esfuerzos y trabajos, y de las bellas celebraciones litúrgicas, vivas, alegres y llenas de fe.