lunes, 15 de junio de 2009

Tambor africano


Cualquiera que haya viajado por algún país africano y visitado los pueblos y aldeas, recordará siempre el sonido del tambor, o del tam tam, pues es un instrumento musical muy simple y que está en todas partes. Ya desde pequeños los niños aprenden a tocarlo en sus juegos y danzas, imitando a los adultos. A ritmo del tambor se celebran las fiestas, se canta y danza. Pero también el tam tam marca otros ritmos. Avisa cuando hay alguna muerte. Congrega al pueblo para ciertos acontecimientos. Es la voz que se oye desde lejos, y que según el tipo de tambor, el ritmo, y la forma de tocarlo nos habla de fiesta, de alegría o de muerte. Entre los Museys del Camerún hay varios tipos de tambor. "Darida" el pequeño tambor que vemos en la fotografía, hecho de madera, y con dos membranas de piel de cabra, en la de arriba se bate con un palo curvo adecuado, y en la de abajo con la mano izquierda. Se utiliza normalmente para la fiesta y la danza, y se lleva colgado del cuello. "Timma" el gran tambor de la muerte, de casi un metro de diámetro hecho con piel de vaca, y que se puede escuchar a larga distancia. Se percute con unas baquetas propias para ese tambor. "Tininga" es un tambor alto, de pie, es decir está apoyado en el suelo, de un metro de altura, con una sola membrana de piel de cabra, que se toca con las dos manos, y se utiliza tanto para la fiesta como para la muerte.


lunes, 8 de junio de 2009

Tradición y progreso

En enero escribí ya sobre el "gourouna massá", la institución de jóvenes que se reúnen para guardar y cuidar de las vacas en un lugar de la sabana, fuera de la población, y que dedican el tiempo a alimentarse de la leche de vaca, comer bien, danzar y entrenarse para las competiciones de lucha. Viven en el campo, cuidando el ganado, ellos solos. Las mujeres no pueden acceder al campamento. Están en el campo desnudos o casi desnudos, se untan el cuerpo de aceite, de leche y de una arcilla ocre. Tradicionalmente llevaban una piel de cabra colgada de la cintura que sólo les cubría las nalgas. A menudo se les ve en los poblados, con motivo del mercado, y sobre todo cuando se juntan para mostrar sus danzas, o competir en la lucha. La fotografía está tomada en junio de 1976 en Gobó; llevan la piel de cabra tradicional, pero sobre los calzoncillos, y como signo de modernidad y progreso las gafas de sol.


lunes, 1 de junio de 2009

Pequeño artesano

Los museys son esencialmente agricultores y ganaderos. Viven del cultivo del campo y de los pequeños rebaños de ganado vacuno, ovino y caprino. Pero también son excelentes artesanos. Elaboran los instrumentos necesarios para llevar a cabo sus trabajos agrícolas y fabrican las herramientas que necesitan artesanalmente. Entre los artesanos están los herreros, alfareros, carpinteros, tejedores, etc. unos son oficios de hombres y otros de mujeres. Pero todos hacen su trabajo con unos medios muy rudimentarios y simples. En la foto vemos a un aprendiz de carpintero fabricando un mango de azada. Le sirve como banco de carpintería el mortero donde las mujeres pilan el mijo con el majadero. Y usa para su labor una azuela que él mismo ha fabricado. Primero ha tenido que ir al bosque a cortar una rama de árbol apropiada por su forma para tallar el mango de la azada. Luego en un lento trabajo va sacando las virutas para hacer el mango liso y sin nudos, y finalmente hace la forma del pico donde se incrustará el zacho de hierro que ha fabricado el herrero. Hay diferentes aperos de labranza. Básicamente existen tres tipos de azadas: kawira, gayna y bananga, según se utilice para desbrozar la tierra, cavar o arar. La bananga era el zacho mayor y servía de vertedera para hacer los surcos, al no tener arados, para los campos de algodón. Todas ellas son pequeñas, de unos 40-60 centímetros, lo que obliga a trabajar la tierra completamente curvado. Y las mujeres además llevan a su bebé en las espaldas.

miércoles, 27 de mayo de 2009

El viejo molino

La misión de Gobó comenzó por el molino harinero. Bueno, no fue exactamente así; pero el molino estuvo en la base e inicio de la misión. Cuando en 1976 llegué a Gobó para hacerme cargo de la misión, después que el P. Jean Savoie había sido nombrado rector del Seminario francés en Roma, me dijeron que antes de trasladarse allí el P. Savoie desde la misión de Djougoumta, e incluso antes de comenzar a hacerse el dispensario, que se abrió el año 1974, lo primero que se hizo en el terreno comprado para establecerse allí la misión fue el molino. En la zona del sahel, donde la base de la alimentación son los cereales: mijo, sorgo, fonio y maíz, que todos los días las mujeres tienen que machacar los granos en el mortero y después hacer la harina restregando dos piedras, el molino con un motor de gasóleo era un gran avance, liberaba a las mujeres de un duro trabajo y ellas pasaban un rato agradable hablando de sus cosas mientras esperaban su turno. Para muchas mujeres el molino fue el primer contacto con la misión, como también posteriormente el dispensario, la sala de partos, el hospital o los cursos de alfabetización. Algunos dicen que esto es la pre-evangelización, en realidad eso es ya evangelizar, llevar una Buena Nueva para el pueblo que sufre, que luego se explicita en el anuncio gozoso del Evangelio, y haciendo que los que buscan algo más se encuentren con Cristo y se hagan cristianos.

lunes, 18 de mayo de 2009

El granero sagrario

Entre los museys del Camerún, y otros muchos pueblos africanos, el granero es el lugar más importante del "saré", el conjunto de chozas, casas y corral que compone la propiedad de la familia. Pues el granero significa la reserva de alimentos de toda la familia para todo el año. Acabada la estación de lluvias a principios de octubre, se cosechan los cereales propios de la zona subsahariana: mijo, sorgo, fonio, maíz y cacahuetes. Las espigas y granos se guardan en el granero que suele estar en el centro del "saré", y al que accede todos los días la mujer para sacar de él los granos que tiene que pilar, y luego moler entre dos piedras para hacer la harina que después cocinará y hará una especie de bola, que es el alimento básico para toda la familia. No hay familia sin granero. El granero es el centro del "saré", es la parte principal, y en cierta forma es un lugar sagrado, pues de él depende la supervivencia de toda la familia. No puede haber mayor desgracia que un granero acabe ardiendo. Sabiendo lo que significa el granero, me pareció bien, al llegar a la misión de Gobó, que en la capilla de barro de Dom Pya, el sagrario que tenían para guardar el Santísimo Sacramento fuera una especie de granero en pequeño. Nunca he visto un sagrario tan especial, no era de materiales nobles, de oro o de plata, ni de metal, ni siquiera de madera, simplemente era de barro, como los graneros y chozas museys, pero allí se reservaba el más apreciado alimento, a Jesús Eucaristía.



lunes, 11 de mayo de 2009

León al acecho

Al final de la estación seca, en los meses de abril y mayo, cuando han pasado ocho meses sin llover nada, y las altas yerbas de la sabana africana tienen un color dorado y están arrasadas por el sol, los animales salvajes van en busca de alimento y de las pocas charcas que quedan aún con agua. A las primeras horas de la mañana, o a la caída del sol de la tarde, las gacelas, impalas, antílopes, jirafas, cebras y otros animales se acercan a las charcas de agua para beber. También los elefantes, leopardos y leones. Estos aprovechan para intentar cazar alguna gacela cuando van a beber, y aquí vemos en la foto que conseguí una mañana en la zona de Waza, al llamado rey de la selva al acecho de su presa. Mi máquina fotográfica era muy simple, y no tenía teleobjetivo; en aquellos tiempos, 1976, no existían las cámaras digitales; el suelo barro seco con hoyos por las pisadas de los elefantes no era lo más propicio para acercarme más con el coche, y el león mirándome fijamente parecía decirme no te acerques más, que sino me daré un buen banquete.

lunes, 4 de mayo de 2009

Elefantes en el camino

Cuando hablamos de África a los niños y jóvenes en las escuelas y colegios enseguida viene la pregunta, ¿has visto muchos animales salvajes?, ¿te has encontrado alguna vez con alguna fiera?, ¿no tenías miedo? Viviendo en la sabana africana durante seis años en el Norte del Camerún, me encontré un poco de todo, pero siempre lo más peligroso fueron las serpientes y cobras, que ví muchas, pero gracias a Dios nunca fuí atacado por ninguna de ellas, aunque en más de una ocasión estuve en peligro. De los grandes animales de la sabana, aquí tenéis un ejemplo, de uno de nuestros viajes misioneros, en los que iba acompañado por dos misioneras canadienses de la misión de Gobó y un nativo camerunés. Nos encontramos en el camino con una manada de elefantes, y como venían por la derecha, les cedimos el paso. Buen viaje, y foto para el recuerdo.

domingo, 26 de abril de 2009

Animadores de sector


La misión de Gobó estaba dividida en dos sectores, Gobó y Dom Pya, y cada sector comprendía una docena de aldeas. Había un responsable de sector que visitaba las aldeas, animaba a las comunidades, supervisaba el trabajo de los catequistas de cada aldea, y presidía la celebración dominical del culto cuando no estaba presente el misionero. Estos eran Antoine Ngosuna animador del sector de Dom Pya y Gabriel, animador del sector de Gobó, que vemos en la fotografía en la celebración de la Pascua de 1976. Ellos fueron de los primeros catequistas de la misión, los que acompañaron más de cerca a los misioneros, y los que participaron en más cursos de formación para catequistas, tanto a nivel local como diocesano. Además de ser catequistas en su propia aldea, visitaban y animaban otras comunidades, formaban a nuevos catequistas, dirigían la oración, y hacían de traductor entre el misionero novato que yo era y que no conocía la lengua y la gente Musey que no hablaba francés. Eran padres de familia, tenían a su mujer y sus hijos, campesinos humildes, que realizaban esa labor pastoral gratuitamente y con gran dedicación por anunciar el Evangelio de Jesucristo y de servir a la Iglesia.

lunes, 13 de abril de 2009

Domingo de Pascua

En 1976 el domingo de Pascua de Resurrección cayó en el día 18 de Abril, un día radiante de sol cuando en el norte del Camerún la temperatura sube de los 45º a la sombra. A primera hora de la mañana se habían congregado los cristianos de las aldeas vecinas en el lugar sagrado, que no iglesia, ni templo que no teníamos, bajo el pequeño sombrajo de paja que servía para resguardarse un poco del sol. Allí concelebré con el P. Philippe Alin, entonces joven Vicario General de la diócesis, y hoy Secretario General de la Conferencia Episcopal del Chad, y al que vemos en la fotografía delante del altar, la Misa de Pascua de la Resurrección del Señor.
Era la primera Semana Santa que vivía en tierras africanas, y que culminaba con el día glorioso de la Resurrección del Señor. ¡Que día más bello! La Misa cantada con una música trepidante de tambores museys, con palmas y ritmo africano. Y eso que ese año no hubo bautismos, pues otros años posteriores en que se bautizaron los catecúmenos en la vigilia pascual, la fiesta fue todavía mayor. Cada año que celebro la fiesta de Pascua recuerdo las celebraciones pascuales en la misión de Gobó.

viernes, 3 de abril de 2009

Semana Santa en Camerún

Siguiendo con mis memorias de África, y como he dicho en anteriores blogs, a principios de marzo de 1976 me trasladé a la misión de Gobó, de la que había sido nombrado párroco. Era el tiempo de cuaresma, tiempo fuerte del año litúrgico en el que los catecúmenos hacían la preparación para recibir las aguas del bautismo. Se intensificaba las catequesis, las charlas y reuniones, los exámenes de los candidatos al bautismo, y todos los preparativos para la Semana Santa. Iba a vivir mi primera Semana Santa en tierras africanas. ¡Que diferente a las vividas en mi niñez en Montánchez, en tierras de Extremadura! O las que estamos acostumbrados a ver en cualquier región de España. Allí no había procesiones, ni pasos, ni imágenes de Nazarenos, ni de vírgenes dolorosas, ni música de cornetas y tambores, ni capuchas, ni velas, ni olores a incienso... Ese Viernes Santo, de la Pasión de Cristo y muerte en cruz, me encontré al ir a la iglesia con Marie, joven madre, ciega y minusválida, que tenía amputada una pierna, dando de mamar a su hijo. Ella, como los demás cristianos de las aldeas vecinas, venía andando descalza y con sus muletas para participar en los santos oficios. Y yo veía ante mis ojos la Pasión viva de Cristo que sigue sufriendo en cada persona que carga en esta vida con su propia cruz.