jueves, 8 de octubre de 2009

Escarificaciones



Ahora que se pone de moda en el mundo occidental los tatuajes, los "piercings", y las escarificaciones, vienen a mis recuerdos, un montón de rostros de personas conocidas, tanto Museys, como Massás del Camerún, y gentes de otras tribus: Mundangs, Tupurís, Fulbés, etc... pues en África es muy corriente que cualquier persona tenga sobre su cuerpo las marcas de las escarificaciones.
Aquí se realiza con bisturí, con garantías higiénicas y con instrumental desinfectado. Allí tradicionalmente se hacía con un simple cuchillo bien afilado, o más recientemente con una cuchilla de afeitar. Se hacía la marca, se cortaba la piel, se hacía sangrar la incisión y se dejaba al aire libre, cuando comenzaba a cicatrizar y salía la postilla o escaras se volvía a quitar para que quedara la marca de la escarificación.
He visto a niños muy pequeños con la cara marcada por las cicatrices abiertas, y sangrantes. Y jóvenes y personas de todas las edades, tanto hombres como mujeres, con hermosos tatuajes sobre el cuerpo, o mejor escarificaciones, tanto en la cara, como en los brazos, piernas, espalda, hombros, pecho y vientre. Como esta mujer que con orgullo muestra esos diseños geométricos, punteados y rallados especiales.
La otra cara de las escarificaciones, era que por falta de condiciones higiénicas adecuadas, se producía infecciones, graves heridas y alguna vez la muerte. Hubo casos que conocí de alguna persona que fue mordida por una serpiente venenosa, y por causa de las heridas abiertas por las escarificaciones, no pudieron parar la hemorragia, y llegó a morir desangrada.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Rumsiki: la montaña sagrada





En el extremo norte del Camerún, pero al oeste, junto a la frontera con Nigeria, se encuentran los montes Mandara.

Es una cordillera de montañas, donde viven los Kapsikis, y otras etnias paganas que miran a los picos rocosos, picos de viejos volcanes ya extinguidos, como dioses de piedra. El paisaje desde luego es excepcional, y las guías turísticas lo promocionan como paisaje lunar. El monte Rumsiki está a 1224 metros de altura, y creo debe ser una tentación para los alpinistas y grandes escaladores de picos de basalto. Mi visita a los montes Mandara no fue por hacer turismo, para ver el paisaje y hacer unas fotos para el recuerdo. El motivo fue otro, el visitar la misión católica de Sir, donde trabajaban las misioneras Franciscanas de María, algunas de ellas españolas, conocidas del P. Fernando Corazón y de Teresa Acarregui, la misionera laica que trabajaba con él. Recuerdo que me tocó hacer el viaje en la parte posterior de la camioneta, sufriendo el sol de la estación seca y tragando el polvo del camino. La misión de Sir está a más de cien kilómetros de Maroua. Allí las hermanas nos hablaron de su misión, de sus trabajos y de las comunidades cristianas que iban surgiendo en las diferentes aldeas de las montañas sagradas.


jueves, 27 de agosto de 2009

Ollas vacías

Para gran parte de la población musey del norte de Camerún, la época de las lluvias, es un tiempo de carestía y de hambre. Los graneros están casi vacíos, y por consiguiente no hay alimentos para cocinar. Esta mujer con su mirada, y con su pena, nos dice que no tiene nada para meter en la olla. ¿Qué va a preparar de comida para cuando su marido y sus hijos regresen al atardecer a casa, después de una larga jornada de trabajo en el campo? Las ollas están vacías. No queda mijo en el granero. Se acabaron las pocas gallinas que andaban sueltas buscando termitas alrededor de las chozas. Tal vez los niños conseguirán cazar algún ratón que merodean por los graneros vacíos. Y como último alimento para ir sobreviviendo los saltamontes, langostas, termitas y otros insectos, que abundan en esta época. Muchos de nosotros jamás podremos imaginar que lo que vemos en la foto es una cocina, con todos los utensilios necesarios para cocinar. Lo mismo que para esa mujer, jamás podrá imaginar cómo es una cocina, y todo lo que hay en ella en una de nuestras casas de países ricos.

lunes, 3 de agosto de 2009

Tiempo de hambre


El mes de agosto, cuando en Europa aprieta el calor del verano y los que pueden se van de vacaciones, en el norte del Camerún es el tiempo de la estación de lluvias, y los fuertes aguaceros inundan la planicie entre el río Logone y el lago de Fianga. Es el tiempo de los trabajos agrícolas, pues durante los ocho meses de la estación seca no se ha podido cultivar nada. Pero es también el tiempo de la carestía, de la escasez de alimentos y del hambre. La razón es sencilla, la gente depende de los cereales: mijo, sorgo, fonio y maíz que recolectaron a principios de octubre al comienzo de la estación seca, y que guardan a lo largo de todo el año en sus graneros. Pero sucede que muchas veces ese grano no es suficiente para todo el año y para alimentar a toda la familia, y hay que ir racionándolo, y precisamente cuando más trabajo hay en los campos con la siembra, arrancar las yerbas perniciosas para los cultivos, reparar las chozas en las que entra el agua de las lluvias, etc. es cuando escasean los alimentos y es el tiempo del hambre. Como solución se malvive con otras hortalizas, o cacahuetes, que a veces se arrancan antes de su maduración, incluso con los granos verdes del nuevo mijo que están creciendo y que tienen que tostar para poderlo comer. En la fotografía unos niños museys de Gobó descascarando los cacahuetes para poder comer algo.

martes, 21 de julio de 2009

Misión a caballo



La misión de Gobó está en la planicie de tierras arenosas cercana al río Logón, en el “pico de pato” del norte de Camerún, por lo que en la estación seca era fácil viajar por las rutas de tierra con la camioneta de la misión, o con la pequeña motocicleta, aunque a veces debido a la arena había que hacer grandes equilibrios para no ir al suelo. Pero no sucedía lo mismo en la zona montañosa de Maroua. Allí en las montañas habitadas por los “kirdis”, nombre despectivo que los musulmanes daban a los miembros de las diferentes tribus y etnias no-musulmanas, las comunicaciones eran más difíciles, y la llegada en vehículo a algunas aldeas imposible. Los misioneros para visitar las diferentes aldeas y pueblos de su misión tenían que utilizar los caballos. En la misión de Mokong había una comunidad espiritana, un padre francés, un joven laico cooperante espiritano y dos religiosas. Mokong está al pie de la montaña en la carretera que va de Maroua a Mokolo. El caballo era necesario como medio de transporte para ir a los poblados inaccesibles de la montaña, para llevar la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos, visitar a los enfermos o tener una reunión con los catequistas.

viernes, 10 de julio de 2009

Coro parroquial

Cuando hablamos de un coro parroquial normalmente tenemos en la cabeza la imagen de un grupo de personas, hombres y mujeres, o sólo mujeres, con la partitura en las manos, vestidos de una forma especial, uniformados y dirigidos por el director del coro, para acompañar las celebraciones litúrgicas con sus cantos. Por lo que nos puede parecer rara la fotografía, pero efectivamente vemos en ella al coro de Dom Pya, los músicos que acompañaban con su tambores, flautas de cuernos de gacela, y cantos las celebraciones litúrgicas en la misión. ¡Qué ánimo ponían en su redoblar de tambores! ¡Qué liturgias tan vivas vivíamos allí! Las celebraciones se alargaban por causa de los cantos, pero a todos nos parecían cortas, pues tal era el ritmo, la música, y la alegría que eran auténticas fiestas las Misas que allí se celebraban.

martes, 30 de junio de 2009

Visita pastoral


Tres meses después de comenzar mi trabajo misionero en Gobó, recibí la visita de nuestro obispo, monseñor Luís Charpenet, que fue a interesarse por mi adaptación a mi nueva misión, a darme ánimos en la labor misionera y conocer el trabajo de las hermanas en el hospital. Recuerdo que fue a finales de junio cuando el calor aprieta fuerte en el norte del Camerún. Quiso visitar también algunas aldeas y lo acompañé hasta Dom Pya. Allí los niños le hicieron un gran recibimiento con canciones y danzas, música y alegría porque les visitaba el pastor diocesano.


Monseñor Luis Charpenet, oblato de María Inmaculada era el primer obispo de Yagoua. Fue de los primeros misioneros oblatos que evangelizaron la región de Yagoua en Camerún, y la de Pala en el Chad. El 11 de marzo de 1968 cuando se creó la Prefectura Apostólica de Yagoua él fue nombrado por el Papa Pablo VI prefecto apostólico, y cuando el mismo Papa creó la diócesis de Yagoua el 29 de enero de 1973, monseñor Charpenet fue nombrado obispo. Fue monseñor Charpenet quien me incardinó a la diócesis de Yagoua, puesto que yo no había hecho todavía los votos perpetuos y para mi ordenación sacerdotal tenía que estar incardinado a una diócesis. Por lo que yo era el primer sacerdote de la diócesis de Yagoua. Hoy día la diócesis tiene unos 50 sacerdotes, y la pastorea su quinto obispo. Monseñor Charpenet murió joven el 5 de diciembre de 1977, año y medio después de esta visita pastoral a la misión de Gobó.

lunes, 15 de junio de 2009

Tambor africano


Cualquiera que haya viajado por algún país africano y visitado los pueblos y aldeas, recordará siempre el sonido del tambor, o del tam tam, pues es un instrumento musical muy simple y que está en todas partes. Ya desde pequeños los niños aprenden a tocarlo en sus juegos y danzas, imitando a los adultos. A ritmo del tambor se celebran las fiestas, se canta y danza. Pero también el tam tam marca otros ritmos. Avisa cuando hay alguna muerte. Congrega al pueblo para ciertos acontecimientos. Es la voz que se oye desde lejos, y que según el tipo de tambor, el ritmo, y la forma de tocarlo nos habla de fiesta, de alegría o de muerte. Entre los Museys del Camerún hay varios tipos de tambor. "Darida" el pequeño tambor que vemos en la fotografía, hecho de madera, y con dos membranas de piel de cabra, en la de arriba se bate con un palo curvo adecuado, y en la de abajo con la mano izquierda. Se utiliza normalmente para la fiesta y la danza, y se lleva colgado del cuello. "Timma" el gran tambor de la muerte, de casi un metro de diámetro hecho con piel de vaca, y que se puede escuchar a larga distancia. Se percute con unas baquetas propias para ese tambor. "Tininga" es un tambor alto, de pie, es decir está apoyado en el suelo, de un metro de altura, con una sola membrana de piel de cabra, que se toca con las dos manos, y se utiliza tanto para la fiesta como para la muerte.


lunes, 8 de junio de 2009

Tradición y progreso

En enero escribí ya sobre el "gourouna massá", la institución de jóvenes que se reúnen para guardar y cuidar de las vacas en un lugar de la sabana, fuera de la población, y que dedican el tiempo a alimentarse de la leche de vaca, comer bien, danzar y entrenarse para las competiciones de lucha. Viven en el campo, cuidando el ganado, ellos solos. Las mujeres no pueden acceder al campamento. Están en el campo desnudos o casi desnudos, se untan el cuerpo de aceite, de leche y de una arcilla ocre. Tradicionalmente llevaban una piel de cabra colgada de la cintura que sólo les cubría las nalgas. A menudo se les ve en los poblados, con motivo del mercado, y sobre todo cuando se juntan para mostrar sus danzas, o competir en la lucha. La fotografía está tomada en junio de 1976 en Gobó; llevan la piel de cabra tradicional, pero sobre los calzoncillos, y como signo de modernidad y progreso las gafas de sol.


lunes, 1 de junio de 2009

Pequeño artesano

Los museys son esencialmente agricultores y ganaderos. Viven del cultivo del campo y de los pequeños rebaños de ganado vacuno, ovino y caprino. Pero también son excelentes artesanos. Elaboran los instrumentos necesarios para llevar a cabo sus trabajos agrícolas y fabrican las herramientas que necesitan artesanalmente. Entre los artesanos están los herreros, alfareros, carpinteros, tejedores, etc. unos son oficios de hombres y otros de mujeres. Pero todos hacen su trabajo con unos medios muy rudimentarios y simples. En la foto vemos a un aprendiz de carpintero fabricando un mango de azada. Le sirve como banco de carpintería el mortero donde las mujeres pilan el mijo con el majadero. Y usa para su labor una azuela que él mismo ha fabricado. Primero ha tenido que ir al bosque a cortar una rama de árbol apropiada por su forma para tallar el mango de la azada. Luego en un lento trabajo va sacando las virutas para hacer el mango liso y sin nudos, y finalmente hace la forma del pico donde se incrustará el zacho de hierro que ha fabricado el herrero. Hay diferentes aperos de labranza. Básicamente existen tres tipos de azadas: kawira, gayna y bananga, según se utilice para desbrozar la tierra, cavar o arar. La bananga era el zacho mayor y servía de vertedera para hacer los surcos, al no tener arados, para los campos de algodón. Todas ellas son pequeñas, de unos 40-60 centímetros, lo que obliga a trabajar la tierra completamente curvado. Y las mujeres además llevan a su bebé en las espaldas.