
En la misión de Djougounta fui entrando en contacto con la vida africana. En realidad allí pasé sólo unos días para ambientarme al clima, comidas, costumbres, en definitiva a una cultura completamente diferente a la mía. Y, ¡que mejor contacto con otra cultura que hacerlo a través de los niños! Ya un año antes, cuando estaba en el noviciado en nuestra casa de Aranda de Duero, un espiritano francés que vino a darnos unos cursos de misionología, nos lo advirtió; la forma más fácil de entrar en contacto con una nueva cultura, de conocer las costumbres de un pueblo, de enterarte de las noticias de la aldea, o de hablar un nuevo idioma es con los niños, pues para ellos eso es como un juego, no se cansan de repetir una palabra o una frase que tú no comprendes, de reirse cuando metes la pata, de corregirte si haces algo mal, etc.. cosa que por educación no harán los adultos. Efectivamente, a través de los niños escolarizados, que hablaban francés, fui comenzando a aprender las primeras frases de saludo y presentación en lengua Massá. En la foto vemos a unos niños Guiseys, junto al lago de Fianga, jugando con una caracola.
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