jueves, 25 de agosto de 2011

Acarreando agua

Allí junto al lago de Ardaf, y cerca de la misión católica de Djougoumta, tanto a las primeras horas de la mañana, como a la caída del sol por la tarde, se acercaban las mujeres con sus cántaros de barro cocido, tinajas, baldes y calabazas en busca de agua.


En la estación seca el lago había bajado varios metros su nivel, debido a la evaporación por el fuerte calor solar, como así mismo por el gran consumo por parte de los animales y de las personas de su entorno.


Las mujeres al llegar a la orilla oteaban el horizonte para saber si en ese lugar había hipopótamos cerca o estaban más alejados o en aguas más profundas. Luego entraban en el agua turbia y hundían sus pies en el barro, se daban un baño refrescante para su piel, y sin secarse el cuerpo, llenaban los cántaros de agua, y se lo llevaban en un increíble equilibrio sobre la cabeza hasta la choza donde vivían, a centenares o miles de metro del lago.


Y volvían a repetir el camino y el acarreo del agua hasta tener bien abastecida la vivienda con agua suficiente para beber toda la familia, para la cocina de los alimentos y para el baño del marido y de los hijos.


martes, 26 de julio de 2011

Cultivo de tabaco

Después de pasar las Navidades en Gobó, fui a descansar los primeros días del nuevo año 1977 a la misión de Djougoumta. Allí junto al lago Fianga en el que había muchos hipopótamos y que todas las tardes a la puesta de sol escuchábamos sus bramidos, me encontré con este campesino guisey que cultivaba su pequeño campo de tabaco. Aunque el terreno no era grande sin embargo suponía un gran trabajo para él por falta de los aperos de labranza necesarios, pues solo disponía de una pequeña azada de mango corto y un cubo para traer el agua desde la orilla del lago a la parcela que cultivaba. Pero según me contó eso le daba para ganar un poco de dinero con la venta de las hojas de tabaco muy apreciadas tanto por los guiseys, como los massás y demás tribus vecinas, muy aficionados a fumar en pipa tanto los hombres como las mujeres, como así mismo a mascar el tabaco o a esnifarlo por la nariz.



viernes, 22 de julio de 2011

La iglesia de Ardaf

Ardaf es una aldea guisey del distrito de Gueré que depende de la misión de Djougoumta en el norte del Camerún. Ya en otros post he escrito algo sobre la misión de Djougoumta, la misión más próxima a Gobó y podemos decir que la misión madre de Gobó; pues fueron los misioneros espiritanos que estaban en esa misión los que fueron a evangelizar la región de Gobó y luego fundaron allí otra misión católica. La población de Gobó es Musey, pero la de Djougoumta es Guisey, una de las ramas de los Massás que pueblan esa zona llamada "pico de pato" del norte de Camerún y parte del Chad al otro lado del río Logón. En Djougoumta estaba en aquel tiempo el P. Fernando Corazón, espiritano de Madrid, que con mucho esfuerzo intentaba evangelizar a los Guiseys. Ardaf estaba a unos 15 kilómetros y como había un buen grupo de cristianos comenzó a construir una iglesia para ellos con la ayuda que recibió de España. Pero los fondos se acabaron y la iglesia quedó a medio construir. Supongo que con los años que han pasado esa iglesia se acabaría de construir y sobre todo que la comunidad cristiana habrá crecido y que incluso hoy día tengan a sus sacerdotes y religiosas del propio país.

domingo, 26 de junio de 2011

Pauline, la leprosa

Pauline era una mujer cristiana de Gobó, madre de familia, que los domingos venía a la iglesia a la celebración de la Eucaristía, juntamente con los otros cristianos. Pauline era leprosa, padecía la enfermedad de los pobres, como otros cincuenta leprosos que cada jueves iban al dispensario de la misión de Gobó, para ser tratados con los antibióticos, y como varios millones más de personas que padecen esta enfermedad en el mundo, en los países pobres de África, Asia y Sudamérica.
La lepra es una enfermedad que existe desde hace siglos, pero que desde el descubrimiento de la bacteria que lo producía por parte de Hansen en 1874, prácticamente ha desaparecido de los países ricos, aunque aún permanece en los países pobres del mundo. Con un diagnóstico temprano y el adecuado tratamiento se puede parar la enfermedad y curación. Hay dos tipos de lepra: la cutánea que afecta a la cara, nariz y labios con deformación de la cara y úlceras; y la tuberculoide, que comienza con hipersensibilidad de la zona afectada, parálisis y puede llegar hasta la pérdida de los dedos, e incluso las manos y los pies. Como era la lepra de Pauline. En casos más grave hay putrefacción de la carne, de las úlceras y heridas y un olor repugnante.

Por la Biblia sabemos que los leprosos vivían aislados y no se podían acercar a los poblados, eso aconteció también en Europa durante siglos. En África no, el leproso es un miembro más de la comunidad que participa en la vida social de su pueblo.

lunes, 6 de junio de 2011

Escribiendo en la arena

En la misión de Gobó no teníamos escuelas para niños, como en Djougoumta, Viri, Yagoua y otras muchas misiones del norte de Camerún, pero sí existía la escuela pública en manos de la Administración civil, dos locales para niños y niñas dirigidos por unos profesores mal pagados, que exigían a sus alumnos les llevaran huevos, mijo, tomates... o les hacían ir a trabajar a sus campos en tiempo de siembra o de recolección.
Era fácil a veces de ver a los niños realizar las tareas escolares en el suelo sobre la arena. Así no gastaban en cuadernos, lápices y bolígrafos. Los niños lo tomaban casi como un juego, el escribir en la arena con el dedo o con la ayuda de una palito, el hacer las operaciones matemáticas, sumas y restas, o los dibujos geométricos. Y que mejor borrador que las sandalias o las chanclas.


Cuando alguna vez paseando por la playa he visto a los niños disfrutando de sus vacaciones haciendo castillos en la arena, o a los adolescentes y jóvenes escribiendo mensajes de amor efímeros, pues pronto llega la ola del mar y desaparece, me acuerdo de los niños de Gobó y de tantos niños pobres en los países del subdesarrollo, que aprenden a escribir y dan sus primeros pasos escolares con tan pocos medios, escribiendo con el dedo en la tierra. Pero seguro que muchos de ellos a pesar de tan pocos recursos han podido triunfar en la vida y hoy son personas con sus estudios acabados, y algunos incluso con estudios universitarios, que tienen una buena posición en la vida y que trabajan por una sociedad y un mundo mejor.

viernes, 27 de mayo de 2011

La prometida




No recuerdo su nombre, pues han pasado ya 34 años, pero si me acuerdo que esta chica adolescente vino a hablarme porque su padre la había prometido en matrimonio a un hombre mucho mayor que ella. No era una princesa prometida, pero si era una de las pocas chicas que se expresaba bien en francés, pues asistía regularmente a la escuela de Gobó.


Era normal entre los Museys, como en gran parte de África, que el matrimonio era concertado por los padres de las jóvenes que iban a casarse. Para concertar un matrimonio había que pagar la dote a los padres de la novia. Normalmente estaba establecida la dote en una decena de vacas. A veces variaba según el interés de ambas familias. Otras veces si no había vacas suficientes podía entrar en la dote otros animales, como novillos, becerros, caballos, ovejas, y hasta bicicleta, dinero en especie, ropas, etc...


La dote era muy importante para la unión de las familias y la estabilidad del matrimonio. Pues en caso de ruptura del compromiso matrimonial, la familia de la novia tenía que devolver la dote recibida a la familia del novio, y eso era muy difícil, por lo que los propios padres de la novia vigilaban y aconsejaban por la estabilidad del matrimonio. Pero también acontecía que los chicos jóvenes no tenían capital suficiente para poder pagar la dote, por lo que tenían que pasar varios años de trabajo para poder casarse. En cambio personas mayores que tenían ganado en abundancia les era fácil adquirir una segunda mujer, incluso una tercera o una cuarta mujer, pues existía la poligamia. Y a veces chicas muy jóvenes se veían casadas con un hombre mayor polígamo, siendo la tercera o cuarta mujer de dicho hombre, además de no ser bien recibida por las otras mujeres.

martes, 10 de mayo de 2011

Los primeros cristianos


En 1976 llegué a la misión de Gobó, que había fundado dos años antes el P. Savoie, pero los primeros cristianos Museys habían sido bautizados una década antes, cuando aún no existía la misión como tal y era atendida la zona desde la misión de Djougoumta por los misioneros espiritanos. De ese primer grupo de cristianos Museys que podemos considerar como los fundamentos de la misión, tenemos aquí en la fotografía de la Navidad de 1976 a tres de ellos. Son:


- Jean-Baptiste Ngoursan, primer catequista y hombre de confianza de los primeros misioneros, que se hospedaban en su casa antes de crearse la misión de Gobó, y al que se le encargó el molino de la misión, que fue la primera construcción que se hizo en la misión, y el comienzo de las actividades sociales de la iglesia.


- Marc Hlamma, joven abierto al progreso y con visión del futuro, que se dedicó al comercio, actividad que estaba casi exclusivamente en mano de los Fulbés, y que le iba bien, pues ya en aquel tiempo destacaba por su manera de vestir, su casa, incluso su motocicleta en medio de un pueblo en el que prácticamente no había vehículos.


- François Diguina, también catequista de la zona de Dom, que se mantuvo como tal durante los años que yo estuve en Gobó, y que me recibiría en su casa durante los meses de la estación de lluvias de 1977 para estar yo más cerca de la gente y así aprender la lengua Musey.


A ellos y otras varias personas que fueron los primeros catecúmenos y cristianos Museys de Gobó se les puede considerar hoy día, que aún no se han cumplido los 50 años de evangelización, los fundamentos y pilares de la iglesia católica de Gobó.

martes, 26 de abril de 2011

Navidad en Gobó



Y en medio de la estación seca llegó la Navidad. Era mi primera Navidad en Gobó. Pues el año anterior estaba en Yagoua en la parroquia de Saint-Paul. La celebración de la Misa se hizo fuera del recinto sagrado, al aire libre bajo la sombra de los árboles, para que pudieran participar más personas. Ese día también algunos paganos y musulmanes se acercan a la celebración para desear a los cristianos una feliz Navidad. Tuvimos algunos bautismos de niños cuyos padres eran ya cristianos, y que esperaron hasta el día de Navidad para ser bautizados. Y acabada la Misa y la celebración de los bautismos se organizó una alegre fiesta con cantos, danzas y representaciones cómicas por parte de niños y mayores. Acabando todo con una comida compartida en un ambiente de fiesta y hermandad.

lunes, 11 de abril de 2011

Haciendo tableros


La fotografía no es buena, pero es un testimonio de las pequeñas cosas que se hacen en una misión. Creo que ya he comentado en otros capítulos anteriores de mis memorias de África, que en la misión de Gobó no teníamos colegios ni escuelas de niños como existen en gran parte de las misiones católicas en África, pero si un dispensario médico y un molino para moler los granos de mijo. Había tres religiosas de la Caridad de Montreal del Canadá, que además de dirigir y atender el dispensario, también colaboraban con la pastoral de la parroquia y hacían animación rural, y trabajos con las mujeres. Formaron algunos grupos de jóvenes y adultos, tanto en Gobó como en otras aldeas, para la alfabetización de los que no habían sido escolarizados de niños. El material mínimo imprescindible para este trabajo era unos tableros, que vemos están pintando de negro, para luego distribuirlo por las aldeas, y allí atados al tronco de un árbol y bajo la guía de un catequista o monitor voluntario dar las clases de alfabetización o primeras letras para un grupo de adultos sedientos de aprender a leer y escribir.

domingo, 3 de abril de 2011

El "séko"

En los meses de la estación seca es cuando se construyen las casas, se reparan las estropeadas por el agua en la estación de lluvias, y se rehacen los vallados del "saré", el cercado de casas, chozas y corral para el ganado. El material propio de esta región de la sabana africana es el barro, la arcilla secada al sol, las yerbas de la sabana, y los troncos de árboles.

El "séko", el nombre creo que es árabe, pues no existe en francés ni en español, se utiliza para hacer el cercado, como valla o empalizada, para impedir la vista del interior del corral y de las chozas desde el exterior de la calle o del campo, su nombre en Musey es "liwda". También sirve como techo del sombrajo para impedir los rayos solares y tener un lugar de reposo a la sombra dentro del corral. Su nombre es "heena".

Los hombres van al campo, a sitios donde se han formado charcas de agua en la estación de lluvias y ha crecido la yerba alta. Siegan esas yerbas y hacen los montones de haces. Los llevan a la aldea y allí a la sombra de un gran árbol, entrelazan en el suelo las yerbas, atándolas con una cuerda de esparto que ellos mismos fabrican. Una vez terminado el "séko" lo enrollan y se lo llevan al mercado para la venta.